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Poder es joder.
Así de sencilla, así de siniestra, es la descripción de la mentalidad de los Neanderthales en el poder.
La neoviolencia institucionalizada del régimen que supuestamente iba a traer un cambio democrático al país, ha devenido en una visión tiránica del ejercicio del poder de minorías privilegiadas, que creyéndose guardianes de la ley y el orden, deciden reprimir en vez de gobernar; optan por usar el garrote en lugar de la charla aderezada con el sabor de una taza de té y galletitas.
Poder es joder.
Tal parece el lema del nuevo despotismo, que de ilustrado no tiene más que la jota de joder. Es, pues, un despotismo deslustrado.
La ignorancia de este ogro nada filantrópico es tal, que no alcanza a percibir, no se percata, de la perversidad de sus pensamientos y, especialmente, de sus acciones.
¿Quién secuestra a quién?
Dicen estos Neanderthales, que Oaxaca ha estado secuestrada, y lo dicen con desparpajo tal, que mueve a cuestionarse si su lóbulo frontal no ha sido dañado por años de desuso.
Quienes han sido secuestradores son ellos: Han secuestrado la moral pública, han secuestrado los símbolos patrios, deformándolos, mochándolos; han secuestrado las esperanzas democráticas de un pueblo y, como colofón, secuestraron la voluntad popular al amañar las elecciones presidenciales de 2006 y, lo que es peor, fabricando un falso consenso, apoyados en una montaña de dinero, casi todo mal habido.
Y ahora, exhibiendo su brutalidad, disfrazándola de legalidad y, en el colmo del cinismo, usando en la sufrida Oaxaca los medios que el mismo pueblo les diera para que lo defendieran, ahora lo atropellan y lo diezman con cobardes francotiradores, primero, y lo humillan y acorralan con policías de elite y soldados después.
Los Neanderthales en el poder... ¡joder!
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