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Entre otros, los presidentes municipales de Izcalli, Naucalpan, Huixquilucan y Atizapán se autoasignan megasalarios, superando por mucho a alcaldes de ciudades como Barcelona y Houston.
David Ulises Guzman Palma, de Izcalli, del PAN; José Luis Durán Reveles, de Naucalpan, del PAN; Félix Adrián Fuentes Villalobos, del PRI-PVEM; Gonzalo Alarcón Bárcena, del PAN, son algunos de los ejemplos de las prácticas abusivas de los neoliberales en cuanto llegan al poder en municipios y gobiernos estatales.
Y los ejemplos arriba citados no son los únicos. Según el doctor Andrés Valdéz Zepeda, de la Universidad de Guadalajara, que estudia la tendencia de los 'servidores' públicos de nuevo cuño, lo primero que hacen éstos al tomar posesión de su puesto, es aumentar sus percepciones salariales:
"De esta forma, por ejemplo, encontramos que los presidentes municipales de Ecatepec, Cuautitlán Izcalli, Atizapán de Zaragoza y Tecámac, del Estado de México, perciben salarios de 420 mil 4771, de 179 mil 765, de 145 mil y de 141 mil 695 pesos mensuales, respectivamente, mientras que existen otros municipios en este mismo estado, cuyos alcaldes tienen un salario promedio que fluctúa entre los 35 mil y 25 mil pesos.
López Obrador rompió este abusivo modelo
Una de las razones de los violentos ataques contra Andrés Manuel López Obrador, cuando fue Jefe de Gobierno del DF -cargo equiparable al de gobernador-, fue que éste no sólo no aumentó su salario como funcionario público, sino que lo redujo, provocando denuestos de parte de la prensa alquilada: "Demagogo", "pésimo administrador", "populista", fue lo menos que le dijeron día tras día.
Y las razones para ello saltan a la vista al hacer el análisis de la conducta de los políticos neoliberales cuando toman posesión de sus cargos.
El experto de la UdeG proporciona datos precisos:
"Asimismo, en los gobiernos estatales existen ejemplos, donde los mandatarios obtienen salarios muy generosos, como el caso de Jalisco, donde el gobernador Francisco Javier Ramírez Acuña empezó su administración en el 2001 con un salario de 78 mil 642 pesos y para diciembre de ese mismo año tenía ya un sueldo bruto mensual de 152 mil 780 pesos. El monto de este salario contrasta, por ejemplo, con el percibido por Andrés Manuel López Obrador, Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, quien recibía un salario neto de 63 mil 367 pesos libres de impuestos e incluidas compensaciones."
El experto en Estudios Latinoamericanos del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas de la UdeG abunda aún más:
"Las explicaciones y justificaciones que esgrimen los altos funcionarios para autoasignarse estos altos salarios están en relación con el grado de responsabilidad del puesto que ejercen, el nivel jerárquico que ocupan y los salarios de altos ejecutivos que laboran en el sector privado. Sin embargo, esta justificación, a todas luces, es poco convincente, ya que los salarios e incentivos en el sector privado se asignan por los consejos de administración en base a parámetros de productividad, desempeño y trayectoria profesional, además de que no es recomendable el equiparar al sector público con el privado".
Sirviéndose con la cuchara grande
Obviamente, lo mencionado arriba por Valdez Zepeda tiene tintes abiertamente discriminatorios, porque los fondos del erario que estos modernos filibusteros utilizan para sobredimensionar sus sueldos, no permiten aumentar las percepciones de las bases burocráticas, las cuales quedan totalmente marginadas y excluidas.
"Las criticas se han incrementado debido, además, a la desigualdad en el incremento de los salarios entre los mimos funcionarios públicos, ya que la burocracia gubernamental, en general, ha obtenido un incremento de 4.5 a 8 por ciento anual en los últimos años, mientras que para los funcionarios de alto nivel los aumentos han sido desproporcionalmente mayores, rebasando incluso la cifra del 70 por ciento. La diferencia sustantiva en el incremento de las percepciones generales y las de los altos funcionarios gubernamentales ha contribuido a ampliar también este descontento social".
Y finaliza el experto explicando que detrás de esta concepción se esconde una política y una visión “depredadora” de las finanzas públicas por parte de algunos gobernantes, contrarias al espíritu de servicio altruista que debe prevalecer en la función pública.
Fuente: DHIAL (Desarrollo Humano e Institucional en América Latina)
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