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Sin mandar Marines ni proferir amenazas pendencieras, Barack Obama empieza a cambiar la animadversión que George Bush alimentó contra Estados Unidos en todo el mundo, especialmente en América, lo que podrá darle al pueblo estadounidense mayor tranquilidad que las tantas armas y soldados no le dan.
Bastó un simple saludo sin ínfulas imperiales, para que el diablo pintado por Bush y los republicanos en Venezuela, se mostrara sin cuernos ni tridente. Tampoco es un ángel para la oligarquía predominante en Estados Unidos y el mundo (salvo para los jodidos de su país), pero no es el demonio que difundió el gobierno bushiano.
Ese sencillo momento en la Cumbre de las Américas sirvió para relajar las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, armadas y sostenidas por el nazismo de Bush. Pero aún se distendió más todo el ambiente cuando Obama también saludó y trató a los otros demonios bushianos (Evo Morales, Daniel Ortega) como lo que realmente son, Jefes de Estado elegidos por sus respectivos pueblos.
Pero cuando en su discurso Obama ofreció un "nuevo comienzo" en las relaciones bilaterales con Cuba, demostró que el gobierno isleño por fin encontró oídos abiertos a la buena disposición externada días antes por el presidente cubano Raúl Castro, para discutir "todos" los temas con Estados Unidos.
Tremendamente pragmática la nueva administración de Estados Unidos, ya había reconocido por boca de su nueva Secretaria de Estado, Hillary Clinton, el fracaso de la política belicista estadounidense hacia la isla, para tratar de imponerle la "democracia" dictada por la oligarquía anticastrista.
Al otorgar Obama buena disposición, recibió lo mismo. En nombre de EU ofrece paz y, si lo cumple, recibirá lo mismo, en vez del resentimiento que las actitudes despóticas de sus antecesores creó a lo largo de décadas.
El posible giro en el trato hacia Cuba y el posible levantamiento del absurdo, injusto e ilegal bloqueo decretado y mantenido por gobiernos estadounidenses, todavía tendrá que enfrentar el fanatismo nazi del anticastrismo enquistado en Miami que se apoderó del Partido Republicano, al que se han sumado los oligarcas de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países latinoamericanos radicados en Estados Unidos.
Al pueblo estadounidense le deberá quedar claro que gana más con simpatía que con temor. Si en vez de odios siembra buena voluntad, cultivada con hechos palpables y oportunos, cosechará su propia seguridad. El que atemoriza siempre tendrá enemigos, pero se vive más tranquilo con amigos alrededor.
Bien lo dijo Benito Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz.
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