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El PAN escupe para arriba al pretender defender las tropelías de Vicente Fox-Sahagún-Bribiesca, alegando que se revisen las cuentas pendientes del PRI, de Echeverría y López Portillo para acá.
La primera irregularidad que saltaría a la vista sería la exención de impuestos que concedió el odiado Echeverría a los grandes empresarios, particularmente de Monterrey, para congraciarse con ellos, lo que refrendaron todos los demás presidentes y que fue justo lo que temieron que acabara López Obrador al llegar a la Presidencia, como era la voluntad mayoritaria real.
Echeverría ordenó que los grandes corporativos (industriales, comerciales y financieros) ya no fueran requeridos por Hacienda para que enteraran periódicamente las retenciones que por Impuesto sobre la Renta (ISR) le hacían a sus trabajadores, para que al final del ejercicio fiscal anual las utilizaran en sus balances que reportaban pérdidas o muy baja utilidad antes de impuestos. O sea, una trampa contable para jinetear las retenciones laborales en vez de ingresarlas a la hacienda pública. Todavía hoy, en vez de que ese dinero genere interés para el erario, lo genera para los empresarios. Por eso les dio terror que Andrés Manuel López Obrador, simplemente haciendo cumplir la ley, les quitara su filón de oro.
La otra grave irregularidad cometida por el PRI con López Portillo fue el cuantioso financiamiento de Banobras al Grupo Monterrey, en dólares, para que pudiera saldar deudas contraídas en el extranjero y de las que a nadie rindieron cuentas ni se sabe cuándo (y cuánto) se devolvió dicho préstamo. Ahí quedó ese "hoyo negro" del que el PRI no habla y al que quiere volver el pendenciero PAN para justificar las tropelías de Fox.
Ese "pecadillo" del PRI ordenado por el denostado y vilipendiado López Portillo fue lo que llevó a don Luis Calderón Vega, padre del actual presidente de facto, a denunciar como ilegal que "un banco creado para financiar obras públicas, pague adeudos privados" por orden presidencial.
Habría que tomarle la palabra al boquiflojo Germán Martínez, gerente del PAN, en sus acusaciones de "poca... congruencia" del PRI sobre las cuentas pendientes de la PANdilla de Fox y los excedentes petroleros que utilizó sin control como gratificaciones personales y sobornos a gobernadores, ministros de la Suprema Corte y otros cómplices de sus latrocinios.
Fox nunca tuvo dinero para inversiones en infraestructura, pero sí para "bolsas" electorales y excelentes ingresos y prestaciones para la alta burocracia del país. Y todo sin constancias en los archivos. Por eso la Auditoría Superior de la Federación no encuentra justificantes del manejo de tantos millones de dólares por excedentes petroleros, que simplemente se esfumaron. Y de ahí le llega tanta confianza a Fox para pedir que le comprueben lo que malversó. No dejó documentos, todos se los llevó o destruyó.
Si se revisan las cuentas "aprobadas" por la borregada priísta se destaparía una enorme cloaca que benefició, más que a nadie, a los patrocinadores de la "alternancia" que financian (por cuenta de los perdones y devoluciones fiscales) no sólo al PRI de antes, sino al PAN de hoy y, en especial, a la torpe presidencia de facto.
Cada uno de los sinvergüenzas presidentes salidos del PRI beneficiaron a los grandes empresarios, banqueros e industriales, mediante transas que los congresos priístas aprobaron callada y sumisamente. Como en el caso de Fox, no hay documentos que prueben las transas. Que no cuadran los números con los documentos, es otra cosa, pero ya lo pasado, pasado.
Las cuentas públicas del PRI están plagadas de latrocinios a favor de "las fuerzas vivas" (como acostumbraban decir los gobernantes priístas) que decidieron dejar la Revolución para volver al redil de los valores medievales y financiar los torpes cambios neoporfiristas que hoy las tienen en un brete, por un megalómano que acusa de "locos" a sus detractores.
Si no se avivan, las otrora "fuerzas vivas de la Revolución" se van a hornear con el PAN de su preferencia. Y a ver cómo le hace Germán Martínez para cambiar de tema.
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