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Confiado en el torrente de spots que pintan un México idílico y tan próspero como para aguantar más impuestos, los responsables de esta ruina que se vive a pedazos de saqueo van felices por el mundo, paseando su impudicia y desfachatez, convencidos de que pueden hacer y deshacer a su entera conveniencia, al cabo que "la gente aguanta todo".
El responsable actual de la debacle mexicana, Felipe Calderón, derrocha con enorme irresponsabilidad los recursos públicos que su secretario de Hacienda dice necesitar con urgencia, por un "hueco fiscal de 300 mil millones de pesos", que sus jilgueros financieros elevan a 700 mil millones, como pretexto para poner más impuestos y no tocar los "fideicomisos privados" hinchados con dinero público que debió ingresar a la Tesorería de la Federación, ni a sus patrocinadores del fraude que le entregó el poder no obtenido justamente, quienes siguen disfrutando de "vista gorda" fiscal que les permite crear muchas empresas interconectadas para dispersar sus utilidades y reportar pérdidas en sus balances consolidados, lo que temieron que Andrés Manuel López Obrador les quitara como Presidente auténtico que fue elegido por la mayoría de mexicanos.
El otro responsable inmediato anterior de la crisis actual, Vicente Fox, pasea su cinismo autoproclamándose "demócrata", honesto, trabajador, responsable, decente y... devoto católico. Su esquizofrenia sin tratamiento le impide darse cuenta de que es precisamente TODO lo contrario de lo que divulga. Pero sale de su rancho de San Cristóbal (agrandado y modernizado a base de trampas, engaños y mucho dinero público) para blandir en todos lados su cinismo y exhibir --en inglés y ante quienes no puedan rebatir sus mentiras-- su poca vergüenza. Pero en cuanto hay alguien bien informado que lo cuestiona, de inmediato se dice víctima de mentiras y malquerencias. Como si hubiera hecho mucho bien a México, y lo hubiera dejado próspero, tranquilo y confiado en la buena guía. Hasta en su feudo guanajuatense de San Francisco del Rincón, pueden verse las consecuencias sociales de su acción irresponsable, traducidas en delitos violentos. Y se supone que ese paradisíaco rinconcito de Foxilandia está protegido por guardias del Estado Mayor Presidencial y montones de guaruras... o tal vez por eso.
Quien se presume por el mundo como "artífice de la transición en México", Ernesto Zedillo, por haber entregado el poder al monumental mentiroso que engañó a todo el país con promesas que nunca tuvo la intención de cumplir, desde su casa y oficina en Estados Unidos disfruta las ganancias de los regalos de ferrocarriles que hizo a los gringos, y el reconocimiento del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial por ese colosal fraude oficial llamado "rescate bancario" que, al contrario de lo que hizo Barack Obama, premió a los irresponsables dueños de los bancos por haberlos "quebrado" y pasó sus deudas a los contribuyentes, ocultando a piedra y lodo legaloides la infinidad de estafas cometidas por "gente decente", por las que se entregaron a los bancos pagarés que generan intereses usurarios, lo que en vez de disminuir el adeudo, cada año lo multiplica al infinito. Pero Zedillo se sigue paseando feliz, orgulloso de su "hazaña" para proteger a los bandidos y arruinar al país.
El que empezó todo, aun antes de robarse la Presidencia mediante el fraude electoral cometido durante la caída del sistema informático, Carlos Salinas de Gortari, ve satisfecho que México se deshace, pues así es más fácil lograr su objetivo personal: entregarlo a Estados Unidos, para que --igual con la entrega de Texas y California de donde manó oro, uranio y petróleo-- las enormes riquezas mexicanas acrecienten la prosperidad de la Unión Americana, especialmente ahora que acaba de pasar por cuantiosos "rescates" de los tiburones financieros de Wall Street.
Ufano por haber mostrado su "fibra" como santón del PRI y padrino del "próximo Presidente de México" (Televisa dixit), Salinas se pasea con rufianes --como andar entre iguales-- que hacen gala de impunidad, lo mismo en círculos políticos que en bancarios y financieros, como Ulises Ruiz, malandrín hecho gobernador por el PRI --igual que Mario Marín en Puebla-- y protegido por Vicente Fox en pago a su apoyo para la "elección" de Calderón.
Pero estos son sólo los que detentan el poder público, político u oficial.
Los verdaderos responsables de la debacle nacional, quienes compraron y financiaron los mecanismos del fraude y su posterior encubrimiento y justificación, quienes se ufanan de sus "valores cristianos" para imponer un esquema de dominación, depredación y sometimiento al extranjero, el poder tras el trono, el poder privado, oculto o empresarial, que tan orgullosos estaban por haber impedido que se reconociera el verdadero triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en 2006, que pagan campañas constantes para denostarlo, derrotarlo y desaparecerlo, van cambiando las sonrisas de soberbia y satisfacción, por muecas de preocupación.
Sus marionetas salieron peor de lo que hubieran pensado. Con malas mañas les entregaron el poder formal y permitieron que se rompieran los equilibrios que habían. Sus títeres, como Pinocho, están cobrando mala vida propia para causar demasiados estropicios que les están arruinando sus negocios.
Así como organizaron cenas republicanas para tramar la "derrota" de López Obrador y el "milagro" del triunfo imposible de Calderón, no sería absurdo que organizaran otras para proponer las correcciones al rumbo a la brevedad posible, antes de que los alcance el tiempo... y el creciente malestar de la gente común, que aguanta mucho, hasta que dice ¡BASTA!
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