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Aunque los empresarios siempre alegan que las alzas de sus precios y las concesiones que le exigen al gobierno son para "crear empleos", la realidad es que se pierden más cada día no obstante recibir lo que piden y "hasta copeteado", como dijera Vicente Fox.
Se les subsidia agua, luz y predial; se les perdonan impuestos; se les permite que hagan retenciones a sus empleados y se queden con ellas para aplicarlas contra sus "pérdidas" consolidadas; se les devuelven millones de pesos por concepto de IVA que cobraron y ellos no lo devuelven; se les exentan los "donativos" que hacen a Televisa, en propaganda de su altruismo, etcétera, etcétera.
Pero nada de eso les basta. En vez de crear empleos, los eliminan. Recortan sus plantillas de personal, "para reducir costos" y aumentar sus ganancias.
El único que "crea empleos" es el gobierno, pero sólo "para taparle el ojo al macho". Son empleos temporales, fugaces, en "obras públicas" de ornato o mantenimiento, de salario mínimo, sin prestaciones y de no más de 3 meses, para no generar "derechos". O sea, que con dinero público, el gobierno se vuelve otro explotador de los ciudadanos.
"Uno de los puntos más importantes para mantener la paz social (no se hable de prosperidad, que sería mucho pedir) es contar con empleos y un poder adquisitivo comprobado", afirma Iván Franco, director de Consultores Internacionales, al analizar la situación mexicana actual en su entorno de crisis y el descontento social en ebullición.
Pero ni empleos ni poder adquisitivo adecuado propicia la iniciativa privada mexicana que, por lo contrario, aumenta los despidos (alegando reingeniería financiera, o sea, más ganancias), obliga al gobierno a mantener bajos los salarios y aumenta los precios. Y por si fuera poco, sus organismos cupulares presionan para que el gobierno suba los impuestos generales e imponga otros nuevos, elimine los pocos empresariales que hay, y grave todo lo que use un ciudadano común.
"Con 1.8 millones de empleos perdidos durante la actual crisis, no es momento adecuado para elevar los impuestos porque la situación se agravaría, el gobierno tiene que echar mano de otros recursos", previene el consultor Franco, en línea con la advertencia que ya había hecho Carlos Slim al respecto, por la que fue vomitado por el gobierno calderonista y las cúpulas empresariales que lo trataron como "apestado" por decir la verdad.
Slim dijo, no por altruismo, sino por cuidar su negocio, que si no se cuidaba el poder adquisitivo de los consumidores, los empresarios ya no tendrían a quién venderle. Verdad elemental, pero que a Felipe Calderón y sus patrocinadores les cayó como plomo.
Lo mismo que Slim, dijo Bill Clinton como candidato a la Presidencia de Estados Unidos en medio de la "reingeniería financiera" alentada por los republicanos de George Bush (padre), que se hacían más ricos a costa de la pobreza que extendían. Lógicamente, los republicanos perdieron las elecciones y Clinton revirtió la tendencia, lo que le valió ser reelecto a pesar de los escándalos sexuales que le armaron los republicanos.
Pero la clase empresarial mexicana no aprendió nada de eso y sólo sigue ciegamente las fórmulas financistas que copia de los republicanos gringos.
Los "hombres de negocios" mexicanos creen vivir en Estados Unidos, con una bonanza de la que deben extraer la riqueza que consideran propia. Pero, por lógica elemental, primero deberían cuidar la fuente de su riqueza, para que no les pase lo que a sus pares gringos que se pusieron a "matar a la gallina de los huevos de oro" y luego no supieron qué hacer.
Pero la iniciativa privada mexicana, privada de iniciativa, no aprende.
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